Historia del Mayor Roberto d’Aubuisson

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Historia del Mayor Roberto d’Aubuisson

Roberto d’Aubuisson nació en San Salvador el 23 agosto de 1943, y creció en los años en que la dictadura militar que gobernaba el país, parecía natural y eterna, a pesar de los golpes de estado. /

Sus padres, luego de casarse, se establecieron en Santa Tecla en una casa grande con jardines y corredores interiores.

Doña Joaquina Arrieta, una empleada estatal de toda la vida, se quedó sola al frente de la familia, tras la muerte de su esposo, don Roberto, en 1954.

d’Aubuisson, al igual que sus dos hermanas y hermano, estudió en colegios católicos. Primero con maristas y luego con jesuitas. Inquieto es la palabra más usada por los familiares y amigos de infancia para definir su temperamento infantil.

“Lo seguían los muchachos. Fíjese que nosotros vivíamos rodeados de mesones, y él se hacía amigo de todos ésos”, relata doña Ana del Carmen, la hermana mayor de d’Aubuisson. “Ahí llegaban a tocar la puerta: mirá, se están peleando en la esquina y no sé qué. Y ahí estaba el muchachito.”

Expulsado del Externado Ese joven inquieto fue expulsado del Colegio Externado San José cuando cursaba Tercer Curso de Plan Básico (noveno grado), que para entonces era dirigido por el padre José María Gondra. “Mire, tengo entendido que reventó unas chispas del diablo”, dice doña Ana del Carmen. “Es un ingrato ese sacerdote. Mi mamá le fue a pedir que no lo expulsara porque era agosto. Hágalo por el alma del Padre Valentín Arrieta jesuita y primo de mamá, le dijo.” No hubo marcha atrás en la decisión. d’Aubuisson tuvo que terminar el noveno grado en el instituto público José Damián Villacorta.

Al final del año tuvo que tomar la decisión de qué hacer con su vida. Para entonces había pocas opciones: estudiar dos años más para ser bachiller en Ciencias y Letras y luego ir a la universidad o asistir a una escuela normal para ser profesor.

Ni una cosa ni la otra. Se presentó una opción más tentadora: estudiar becado en la Escuela Militar. Hizo las pruebas pertinentes y, el 1o. de febrero de 1960, se convirtió en recluta.

En 1963, el subteniente d’Aubuisson se graduó de la escuela; era hora de servir en el Ejército o uno de los Cuerpos de Seguridad: fue enviado a la Guardia Nacional.

Entre 1966 y 1976, escala posiciones dentro del Ejército y es instruido en contrainsurgencia. En julio de 1969, cuando estalló la guerra contra Honduras, estuvo a cargo de una de las compañías comandadas por el general José Alberto Medrano, jefe de la Guardia Nacional.

En 1971 viaja a la zona del Canal de Panamá para ser entrenado en contrainsurgencia en Fort Gulick, en la Escuela de las Américas.

Esta institución fue establecida por Estados Unidos para instruir a los militares latinoamericanos; para entonces estaba de moda la llamada “doctrina de seguridad nacional”. Mientras tanto, el país vivía en una creciente agitación política, producto de los dudosos eventos electorales que mantenían en el poder al partido oficial, el PCN.

En las elecciones presidenciales de 1972 estalla una crisis, luego de que la oposición alegó que les habían arrebatado la victoria.

El candidato del PCN, coronel Arturo Armando Molina, llega a Casa Presidencial. Un año más tarde, el mayor d’Aubuisson fue nombrado oficial de Operaciones del Estado Mayor Presidencial.

En 1977 pasa a ser jefe de Sección del Departamento II, Información del Estado Mayor General de la Fuerza Armada. Su trabajo era el de recabar información de inteligencia a través de la Agencia Nacional de Servicios Especiales de El Salvador ANSESAL. La oposición, mientras tanto, se había radicalizado por completo: ya no creía en las elecciones ni en los golpes de Estado, sino en la “revolución”.

Se convencen de que el país puede superar sus problemas sólo mediante la toma del poder por las armas y en la instauración de un estado socialista, como en Cuba o la Unión Soviética. Decide que parte de esa lucha debe ser financiada por la misma derecha: comienzan a secuestrar empresarios y a exigirles altas sumas de dinero.

En 1979, luego del arribo al poder de los sandinistas en Nicaragua, un grupo de militares realiza, el 15 de octubre, un golpe de Estado. En una proclama prometen grandes cambios; el más traumático, una reforma agraria.

El 31 de octubre, d’Aubuisson causó baja en el Ejército. Al retirarse se llevó consigo parte de los archivos de ANSESAL. Buscó contactos con movimientos políticos de derecha que compartían su descontento, como el Movimiento Nacionalista Salvadoreño. A ellos se unieron, luego, personas del Movimiento Pro Paz y Trabajo, el Frente Femenino y los agricultores de oriente. Se autodenominaron Frente Amplio Nacional FAN.

La derecha, que por casi 50 años tuvo en la Fuerza Armada a un fiel defensor de sus intereses políticos, se vio obligada a organizarse y hacer política de forma directa.

El FAN pretendía restituir la Constitución de 1964 y frenar las reformas que ya habían empezado a ejecutar los militares golpistas.

Entre enero y febrero, el FAN comienza a emitir, por televisión y radio, varios mensajes políticos. Ante las cámaras aparecen varios empresarios y profesionales de derecha, pero el protagonista, quien habla, es el mayor Roberto d’Aubuisson.

El primer intento de salir al aire se frustra, luego de que el coronel Adolfo Majano, quien era parte del gobierno golpista, censuró el programa. “Cómo es posible que las agrupaciones clandestinas, autoras de los más escandalosos y crueles secuestros y asesinatos no les censuren sus publicaciones y participaciones televisivas”, se quejó d’Aubuisson.

El 13 de enero, el autodenominado Comité Coordinador para el Movimiento de Unidad Popular anunció por televisión la unión de los cuatro movimientos de masas que existían en el país. Los siguientes programas no fueron censurados. d’Aubuisson planteó que existía un plan orquestado por la Unión Soviética y Cuba para convertir a El Salvador al comunismo, y que eso lo hacían a través de colaboradores en el país.

Estos colaboradores, según él, eran una minoría bien organizada, que le estaba ganando la partida a una mayoría desorganizada, que no sabía con exactitud lo que estaba ocurriendo. Algunas de las personas mencionadas por d’Aubuisson fueron asesinadas posteriormente. No fueron los únicos.

En 1980, el peor año de la guerra, murieron más de 15 mil personas, tanto de derecha como de izquierda. La captura en la finca San Luis, de Santa Tecla El 7 de mayo, d’Aubuisson, cuyo nombre y rostro ya era conocido en el país, fue capturado en la finca San Luis, de Santa Tecla, junto a un grupo de militares y civiles, miembros del FAN.

Entre los capturados estaba Ricardo Valdivieso, un salvadoreño que creció en Estados Unidos y que perteneció a las Fuerzas Armadas de ese país. Ricardo Valdivieso, un hombre cultivado en historia y ciencias políticas, se unió a Roberto d’Aubuisson, luego de verlo en la televisión. “Solicité que me llevaran a una reunión donde él iba a hablar”, recuerda Valdivieso. “Me quedé después para platicar con él, ‘bueno cipote, ¿por qué no te has ido, me preguntó”. “Señor d’Aubuisson, usted habla mucho de anticomunismo y quisiera saber a favor de qué está”, le pregunté, dice Valdivieso. “Me agarraste en curva, cipote, venite mañana y platicamos de eso.” Hubo, posteriormente, largas conversaciones.

Los capturados en Santa Tecla fueron llevados al cuartel San Carlos, y no salieron de ahí hasta el 13 de mayo. El coronel Jaime Abdul Gutiérrez, quien el mismo 13 asumió control de la Fuerza Armada, ordenó que pusieran en libertad a los capturados.

El 14 de mayo la mayoría de miembros del FAN salió del país. d’Aubuisson y Valdivieso se fueron para Guatemala; regresaban al país, pero de forma clandestina. Valdivieso le advirtió a d’Aubuisson que ya se había aburrido de vivir así y que deseaba abandonar el movimiento, pero éste le salió al paso y le dijo que harían un partido político. “Cómo pretendes hacer un partido, eso es imposible en El Salvador, ni siquiera tenés cómo darle de comer a tu familia”, le replicó Valdivieso.

Su esposa e hijos habían vivido, los últimos seis meses de 1979 y parte de 1980, recluidos en una casa en Usulután. En mayo, sin embargo, acompañaron a d’Aubuisson rumbo al exilio.

Nacimiento de ARENA La idea de un partido político iba en serio. En la Semana Santa de 1981, a orillas del lago Atitlán, se comienza a armar el andamiaje de ARENA. Valdivieso se encargó de los principios; su esposa Patricia, junto a d’Aubuisson, del nombre, la bandera y la marcha. Valdivieso escribió 14 principios, pero d’Aubuisson le dijo que eliminara uno. “No va a faltar alguno que diga: ‘ah, por las 14 familias’.” El nombre resultó casi de forma espontánea. “¿Qué somos?”, se preguntaban: “Una alianza de sectores”. ¿Qué más?: “Gente nacionalista”. ¿Y qué más?: “Creemos en el sistema republicano, no en un rey”.

La letra de la marcha fue inspiración de d’Aubuisson, al igual que la música, pero ejecutada en guitarra por Patricia de Valdivieso. El 2 de mayo de 1981, en el hotel Cortijo Reforma de Guatemala, ante 34 personas d’Aubuisson expone lo que será ARENA. Los invitados habían sido más de 300. Es interesante tomar nota que el día que el mayor d’Aubuisson decide hacer un partido, la gente en Guatemala, lo abandonó.

El 4 de diciembre de 1981, ARENA se inscribe como partido en el Consejo Central de Elecciones y se prepara para los comicios de la Asamblea Constituyente. Roberto d’Aubuisson, Ricardo Ávila, Ricardo Valdivieso y Emilio Redaelli denuncian lo que ellos consideran una agresión informativa comunista en febrero de 1982 Dos meses antes de las elecciones el 26 de Febrero de 1982, la plana mayor de ARENA sufre un atentado en su local, del cual pocos salen ilesos. El mismo d’Aubuisson fue objeto de un atentado el sábado 27 de febrero de ese mismo año.

d’Aubuisson ya llevaba varios meses en campaña. La marcha arenera sonaba en las radios y el azul, blanco y rojo inundaba las calles. También estaban en la contienda el PDC, los herederos del poder luego del golpe de 1979, y varios partidos de derecha.

El ex partido oficial PCN, uno de intelectuales de derecha, AD; e incluso uno dirigido por su ex mentor, el general Medrano, el POP. En las elecciones, ARENA termina en segundo lugar, detrás del PDC. Una coalición de derecha, sin embargo, logra instalar una junta directiva, cuyo presidente es el mismo Roberto d’Aubuisson.

El 22 de abril, cuando toma posesión del cargo, d’Aubuisson lee un discurso moderado en el que habla de seguir adelante con las reformas económicas y sociales del gobierno de facto y de democratizar el país.

El 8 de agosto firma, junto a los líderes de otros cuatro partidos y el provisorio, Álvaro Magaña, el llamado Pacto de Apaneca. Uno de los compromisos de los partidos es perseguir “el mejoramiento y eficiencia de las medidas de los campos de la Reforma Agraria, Bancaria y del Comercio Exterior”. ARENA además tomó las riendas de varias instituciones del Gobierno, entre ellas el Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria ISTA, que estaba llevando adelante la reforma agraria.

La nueva Constitución que nace de la Asamblea en 1983, no es muy liberal, y en ella se incluye un artículo que limita la tenencia de la tierra. En las elecciones de 1984, d’Aubuisson se inscribe como candidato a la presidencia por ARENA para tratar de vencer al ya fogueado José Napoleón Duarte, del PDC. El 4 de marzo, el representante legal del PDC, José Humberto Posada, impugna la candidatura de d’Aubuisson ante el Consejo Central de Elecciones, por carecer entre otras cosas, según el PDC, de moralidad notoria. Esta elección tuvo que definirse en dos vueltas electorales. El 11 de mayo, luego de un lento conteo de votos, el CCE proclama vencedor a Duarte, pero ARENA impugna el resultado. Los areneros, incluso ahora, siguen convencidos de que d’Aubuisson ganó esas elecciones con el 52 por ciento de la votación. En las legislativas y municipales de 1985, el resultado no es tan feliz, ARENA obtiene sólo 13 diputados, apenas uno más que el PCN. Tres años antes de las presidenciales de 1989, d’Aubuisson se puso a pensar quién sería el próximo candidato presidencial. Cuatro nombres estaban escritos con plumón azul en una pizarra blanca colgada dentro del desordenado cuarto donde se reunía el COENA, en el antiguo local del partido, en la calle El Progreso. Por orden estaban: Manuel Pacas, Mauricio Gutiérrez Castro, Armando Calderón Sol y Alfredo Cristiani. Poco a poco fue tachando con una equis hasta que quedó el de Cristiani. “Es buen candidato, lo único que me preocupa es que es muy educado y no sé si podrá poner quietos a mis compañeros de la Fuerza Armada”, comentó. “Al final lo van a tener que aceptar”, dijo. Y él se encargó de que así fuera. Durante los siguientes fines de semana recorrió el país. “Éste es el candidato”, decía. “d’Aubuisson, d’Aubuisson”, gritaba la gente. Que les digo que éste es el candidato; es más educado, sabe hablar inglés y yo ni visa tengo”, dijo una tarde calurosa en Cojutepeque para que la gente soltara una carcajada. Cristiani era un empresario proveniente de las filas del moderado Partido de Acción Nacional AD y estaba vinculado al “tanque pensante” financiado por la AID: FUSADES. En las elecciones municipales y legislativas de 1988, ARENA tuvo mejor suerte y se convirtió en la primera fuerza política del país con 31 diputados. El año siguiente, cuando la guerra ha cobrado más de 50 mil vidas, ARENA promete en plena campaña presidencial “tender un puente de oro” a los alzados en armas para conseguir la paz. La oferta, en boca de un partido que promete en su marcha convertir a El Salvador en la tumba de los “rojos”, parecía inverosímil. Ese año Cristiani gana las elecciones presidenciales en una sola vuelta electoral, y al asumir el gobierno promete dialogar con la guerrilla. Esa victoria fue el momento más feliz de la vida política de d’Aubuisson, asegura su segunda esposa, Martaluz Angulo. “Venía de reveses y reveses y dolorcitos de gente que lo traicionaba”, dice.

El cáncer El 17 de febrero de 1991, dos años después de ganar el Ejecutivo, d’Aubuisson llega a San Vicente para un mitin de cierre de campaña. Ese día, un viejo dolor en la boca lo dominó. “Qué barbaridad, hoy sí que no aguanto”, le dijo a doña Martaluz. El día siguiente venció sus temores a los dentistas y a las agujas y fue a ver un odontólogo. d’Aubuisson creía que su problema era una muela quebrada que le rozaba la lengua.

El dentista, una vez que lo examinó, lo mandó a un cirujano dental, y éste le dijo que debía hacerse una biopsia. Su amigo de juventud y compañero de armas Lizandro Vásquez Sosa vio los resultados: “una neoplasia maligna con invasión en miembros gangliares”.

Luego de varias cirugías en el cuello, d’Aubuisson hizo una de sus últimas apariciones públicas en el décimo aniversario de ARENA. A medida que la ciencia se quedaba sin recursos, le ofrecieron medicinas naturales, a un “médium” colombiano y “agua milagrosa” de Querétaro.

En 1991, a pesar de que ya le habían diagnosticado el cáncer, decide viajar a México con dos amigos muy cercanos. El objetivo era una reunión con Ramiro Abreu, encargado del Departamento de América del Partido Comunista cubano. Abreu quería plantear el problema que enfrentaba Cuba con más de 250 guerrilleros salvadoreños lisiados de guerra y sin la ayuda de la disuelta Unión Soviética. Durante la reunión, los dolores le atacaron fuertemente. Abreu le ofreció tratamiento gratuito en Cuba. “Los americanos te van a regar más el cáncer”, le advirtió. “El problema es que nunca he confiado en los comunistas”, le dijo después a uno de sus acompañantes. d’Aubuisson le prometió que evaluarían el tema de los lisiados, y le indicó que le informara al FMLN que la derecha del país deseaba seriamente parar la guerra, y que Cristiani tenía todo el respaldo para el proceso de negociación. Después tuvo otros encuentros con Abreu en México; éste lo visitó en el hospital el 1° de febrero, 19 días antes de su muerte, justo el día en que comenzaba el cese del enfrentamiento armado.

Los amigos que lo acompañaron fueron testigos de una figura de grandes contrastes; una persona poderosa ante los grupos económicos aunque nunca andaba un centavo en su bolsa, mucho menos conocía las tarjetas de crédito. Tenía dos guardaespaldas, sí, pero su secreto de seguridad estaba en su impuntualidad. Literalmente, no tenía horario ni calendario.

Una vez fue invitado a pasar el domingo a un rancho en el mar con un par de amigos. Llegó cuando los demás ya se iban y se quedó, sin planificarlo, cinco días. El 20 de febrero de 1992, luego de 48 días de hospitalización, el cáncer le causó un paro cardíaco súbito.

La diputada Gloria Salguero propuso en la Asamblea que se decretaran tres días de duelo, pero la oposición no dio los votos. El presidente decretó entonces tres días de duelo y le impuso la orden José Matías Delgado, la cual se otorga por “eminentes servicios prestados a la República”. d’Aubuisson murió 35 días después de la firma de los Acuerdos de Paz, cuando el bloque socialista ya había caído.

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