Gobiernos dictatoriales socavan libertades

Gobiernos dictatoriales socavan libertades

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Sherman Calvo

Sin información el hombre carecería de historia, no habría comunidad. Tampoco universalidad, en el más amplio sentido del entendimiento y del comportamiento humano. Desde sus raíces más profundas, la información nos acerca y entreteje, nos vincula y mediatiza, nos transporta y socializa. Gran denominador común en que todo nace, afluye y culmina. Cordón umbilical entre el hombre y su decir: lo que éste es, inseparable de lo que sabe y expresa.

Sin duda alguna, ante el declive de la libertad de prensa en América, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) sigue con mucha preocupación el deterioro de los conceptos anteriormente expuestos. El rol que juega la liberta de expresión en el fortalecimiento de la democracia es indiscutible. Un ser humano que no tiene la posibilidad de expresarse con plena libertad, pierde elementos que son intrínsecos a su naturaleza como individuo y a su dimensión social para poder convivir en comunidad: su derecho a informarse, a conocer a profundidad, a debatir y a cuestionar o tomar posición frente a la realidad de su contexto.

En una región como América Latina, con conflictos en su mayoría históricos y continuos, la voz de los ciudadanos, capaces de controlar el ejercicio del poder y de garantizar procesos de fiscalización diferentes a los de los sistemas tradicionales, se convierte en un contrapeso necesario ante fenómenos como la concentración de poder y la corrupción. Y aunque no pretendo ahondar en ejemplos puntuales, los resultados de estos análisis sólo pueden ser descritos como alarmantes: las acciones del crimen organizado, el narcotráfico, los gobiernos autoritarios y la impunidad, son las mayores amenazas a la libertad de expresión en Latinoamérica y sirve para ilustrar las enormes dificultades con las que se encuentra la aplicación de la legislación sobre la libertad de información, entre ellas el establecimiento de mecanismos adecuados que permitan el acceso a la información de manera oportuna.

Sin embargo, y no es secreto que, en Latinoamérica se siente una pesada bruma al listar, incluso de manera general, las consecuencias de las mordazas que nuestros gobiernos imponen diariamente: jóvenes aprisionados por protestar; ciudadanos atacados por marchar; periodistas asesinados por preguntar; secuestros, persecuciones y amenazas; todo esto es el pan de cada día en nuestros países. Siendo uno de los brazos fundamentales de la democracia, es necesario que los gobiernos, los organismos de la sociedad civil y los ciudadanos en común, propendan por la estructuración de unas reglas claras y transparentes en torno al ejercicio de la libertad de expresión. Los derechos humanos no sólo se violan en épocas de conflicto: esto sucede también en el día a día.

En Latinoamérica los autoritarismos continúan creciendo, y debemos hacerles frente inmediatamente. Poco importan los adelantos, de cualquier tipo, que una región pueda tener, si éstos suceden en detrimento del bienestar de sus habitantes. Hoy y siempre, ésta debe ser la primera y más importante tarea. El ejercicio de un periodismo que cultive la crítica constructiva en un plano de ética profesional, constituye una herramienta útil y necesaria para perfeccionar la democracia, para promover la paz, los derechos humanos, la tolerancia y la solidaridad social de cualquier país.

Con la libre expresión, se acrecienta la responsabilidad de todos los sectores sociales, económicos y políticos, adquiriendo los medios de comunicación un mayor compromiso de informar con objetividad. Es un hecho incuestionable que los medios de comunicación constituyen un poder social con capacidad de informar y construir opinión pública sana e inteligente para el logro del bien común. Sería una desgracia no tener la libertad de expresión en todas sus formas y aceptar en ella, controles que nunca toleraríamos en ninguna otra esfera de nuestra vida.

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